En la era de los viajes hiperconectados, donde el 70% de los turistas siente presión por mostrar su vida de vacaciones en redes, aprender a guardarse se vuelve un acto de libertad. Las estadísticas dicen que pasamos 34 minutos diarios en vacaciones editando fotos para redes, tiempo que podríamos dedicar a contar nubes o saltar olas.
Cuando descansar se convierte en una meta.
Este texto nace después de cientos de conversaciones con posibles clientes/viajeros, nadie busca solo un destino. Buscan una sensación.
Lo dicen sin decirlo: “Quiero que el descanso dure más que las vacaciones.”
Y ahí me di cuenta de que, además de itinerarios, podía compartir lo que a mi me funciona cada vez que viajo.
Estas son dos prácticas que me cambiaron la forma de descansar:
Aprender a disfrutar sin testigos.
Hubo un quiebre, durante mucho tiempo pensé que si no lo subía a las redes, no existía. Cada paisaje, cada plato, cada paso. Hoy vivo mucho más de lo que muestro, pues entendí que la memoria sensorial es infinitamente más fiel que cualquier dispositivo.
Descansar sin guión, descansar porque sí.
Mi recomendación eterna es viajar sin rendir examen de felicidad.
– Si toca mal tiempo, no tratar de controlar lo que no está en nuestras manos, cambiar tour por almuerzo o cena frente al mar disfrutando de las tormentas.
– Aprovechar para dormir siestas, en el avión, en el hotel y en la playa. Las siestas suelen ser reparadoras.
– Sentarse en una veredita, tomar algo rico y mirar la gente pasar, literal. Ser observador. Me gusta mirar las plantas, las fachadas, dejarme llevar por los grupetes de trabajadores sentados en algún rincón, jugar a diferenciar turista de local.
– Sentir el aroma de la comida antes de sacar el celular, comer sin tomar fotos.
– Mirar al sol y dejarse enceguecer un segundo, hacer techito con las manos y redescubrir el color azul-cielo.
A todas estas sensaciones podés regresar cuando las necesites, incluso sin salir de casa, desde el escritorio o viajando en tren al trabajo.
Vivimos en una época donde todo se documenta, pero lo verdaderamente valioso suele quedar fuera del cuadro. Eso que no se ve pero se vive, se queda con nosotros para siempre.
Quien dice que la próxima tendencia no tenga filtro ni etiqueta.
