Rio y su encanto insoportable

Rio de Janeiro no es Buenos Aires con playa. Es otro país, otro idioma, otro pulso.
El reloj carioca no marca la hora. En Rio hay una medida de tiempo que no existe en ningún otro lugar del mundo: “daqui a pouco”, traducido sería “en un rato”, pero esa traducción es una trampa. Daqui a pouco puede ser dentro de 10 minutos, una hora o nunca. La verdad, es que daqui a pouco quiere decir CUANDO TENGA SENTIDO.
¿Es acaso la primera unidad de tiempo flexible? ¿casi poética?

El problema es que los argentinos llegamos con un excel que marca productividad, eficiencia, rendimiento. Queremos llegar, organizar, comparar precios, evaluar restaurantes, calcular rentabilidad.

Según un estudio global de equilibrio-vida-trabajo de la agencia Ipsos, Brasil está entre los tres países latinoamericanos que más valora el bienestar por encima del éxito profesional, con un 63% de los trabajadores priorizando tiempo libre, ocio y relaciones humanas. Argentina en cambio, lidera la región en autoexigencia. 58% de los encuestados confiesa sentir culpa si no aprovechan el día al máximo.

No sorprende entonces, que al llegar a la ciudad maravillosa muchos compatriotas entren en crisis existencial en menos de 48h.
Yo también fui de esas que llegó con la agenda cargada, la lista de pendientes y la expectativa de aprovechar el tiempo.

Mi recomendación es que no vengas con planillas mentales. Si bien en Argentina la eficiencia es un valor, en Rio la calma es una forma de inteligencia y en este contraste nace un nuevo aprendizaje: si estás por venir a la ciudad maravillosa, no vengas a enseñarles a trabajar a los brasileros. Vení, sí, a aprender a vivir lento.
Rendite al ritmo carioca, no preguntes cuánto falta, que en Rio, el tiempo siempre sobra.

Y si lográs sobrevivir a la lentitud sin perder el humor, ¡bienvenido a tu nueva ciudad favorita!

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